un poco de historia -STE-

 BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA ESPAÑOLA

LA TEOSOFIA EN ESPAÑA Mario Méndez Bejarano Extractado de “Historia de la Filosofía en España hasta el Siglo XX” (1927) – Capítulo XVII – Apdo. 15 –

En 1889 España ingresa en la Sociedad Teosófica.

Sobre 1886 José Xifré Hamel, contactó con el grupo teosófico londinense, donde asistió a la presentación del segundo volumen de la Doctrina Secreta. En 1888 conoció personalmente a la Sra. Blavatsky y un año después ingresó en la S.T.

José Xifré Hamel fue el segundo español en conocer a H.P.B. Xifré. Se educó en París con quien más adelante llegó a reinar en España con el nombre de Alfonso XII, a quien visitaba frecuentemente en palacio. Alfonso XII, a instancias de la iglesia, le dijo a Xifré que conocía que tenía afición por el ocultismo y que debería elegir en el futuro entre visitar palacio y el ocultismo. Xifré no volvió jamás a visitar al Rey. Durante una de las visitas de Xifré a H.P.B., ésta le encargó que estableciera la S.T. en España.

Pero la primera persona española que se encontró con H.P.B. fue Dª María Mariategui, Duquesa de Pomar, quien colaboró con H.P. B. en París y escribió artículos en la revista Lucifer que fundara H.P.B. Fue Presidenta, la Duquesa de Pomar, de la Sociedad Teosófica en París. Esta dama publicó también una muy considerable cantidad de obras teosóficas. Ingresó en la S.T. en 1876 y junto con H.P.B. publicó la revista “Le Lotus Bleu”. El Coronel  Olcott, durante el Congreso Europeo en París, consagró un cariñoso recuerdo a la Duquesa de Pomar a quien conoció en 1884 cuando se gestó la fundación de la S.T. en Francia.

Xifré y su amigo Tomás Doreste, inclinados hacia los estudios orientales, deciden estudiar sánscrito para poder estudiar “los sagrados libros orientales” en su idioma original. Más adelante, Montoliú y Roviralta también estudiaron ese idioma y a ellos se unieron otros en el mismo empeño.

En 1893 Xifré financia la revista “Sophia”, primer boletín teosófico español que aparecerá hasta 1914. Ayudó a Ramón Maynadé a fundar la librería Orientalista, situada en la calle Tapicería, 24 y que luego deberá competir con la librería Carbonell y Esteva situada en la Rambla de Cataluña 128.

En 1909 esta librería publicó un volumen titulado “Conferencias Teosóficas” que recogía cuatro alocuciones de Tomás Pascal, dadas en la Universidad de Ginebra y traducidas al castellano por el señor Xifré.

Estas librerías gozaron de las continuas visitas de las clases cultas e intelectuales de su tiempo.

Durante este tiempo la literatura teosófica floreció extraordinariamente. Se fundaron las revistas “Zanoni” en Sevilla, “Anthakarana” y “Estudios Teosóficos” en Barcelona, “Hespérides” en Madrid, y una miríada de boletines menores.

En 1904 se incorporó a la S.T. el que ha sido uno de sus personajes más conocidos, Mario Roso de Luna. Pero si fue Roso quien dio el segundo empujón a la S.T., el primero corresponde a Xifré y el impulso organizativo a un hombre extraño y sorprendente: Francisco de Montoliú, miembro de la S.T. desde 1889.

En Enero de 1888 D. Francisco Montoliú descubrió en una librería una revista teosófica francesa e inmediatamente escribió a H.P.B. solicitando el ingreso en la S.T. y su permiso para traducir sus obras al español. De inmediato, H.P.B. escribe a Xifré para preguntarle por Montoliú y sin pérdida de tiempo Xifré se apresura a visitar a Montoliú en Madrid para encontrarse con quien habría de ser “mi mejor amigo, mi hermano”, en palabras del propio Xifré. Montoliú tradujo una gran cantidad de obras al castellano, muchas bajo el seudónimo de Nemo. Desde ese momento comienza una andadura conjunta y solicitan en 1.889 carta constitutiva para formar un “grupo especial de la S. T.”.

Al morir Montoliú se dividió el grupo español en dos ramas: la de Madrid y la de Barcelona, constituida en 1893.

Otra rama se formó en Alicante, que desapareció pronto. Aunque nos consta la existencia de un grupo en Alcoy que desapareció tras la guerra civil.

Por el mismo tiempo se constituyó la de Valencia, denominada Rama Kutumi, cuyo presidente, D. Bernardo de Toledo, fue desterrado por sus ideas republicanas y marchó a los Estados Unidos. Se nombró presidente honorario a D. Manuel de Toledo y Muñoz; miembros honorarios, D. José Xifré y la señorita Constanza Arthur; secretario, D. Manuel García y García; tesorero, D. Manuel Morales Alcaide, y bibliotecario, D. Juan A. Campillo. Esta rama desapareció al poco tiempo.

La rama barcelonesa fue presidida por D. José Plana, médico militar que falleció hacia el 1914. En 1901 se reformó el reglamento y se constituyó la segunda directiva en esta forma: presidente, D. José Roviralta, médico; vicepresidente, D. José Plana y Dorca; administrador, D. José Granes; secretario, D. José Querol; vocal 1o, D. Ramón Maynadé, y vocal 2o, D. Jacinto Plana. Esta rama, acaso la más activa, publicó el periódico Antakarana y constituyó en la capital de Cataluña una Biblioteca Orientalista, bajo la dirección del Sr. Maynadé, que se convirtió en editor de obras teosóficas en España.

Además de los citados centros, se crearon pequeños núcleos en torno de algunos teósofos, distinguiéndose entre éstos D. Viriato Díaz Pérez, autor de varios trabajos publicados en Sofía; D. Rafael Monleón y Torres (1853-1900), restaurador del Museo Naval; D. Tomás Dorestes, que dio conferencias privadas en el Ateneo de Madrid, exponiendo el organismo ideal de la teosofía, y D. Manuel Treviño. El crítico D. Eduardo Gómez Baquero, «Andrenio», explicó una conferencia titulada El nuevo budismo, impresa en 1889. Florencio Pol, notario en Órdenes, donde labró un cementerio civil gratuito y se hizo célebre por sus maravillosas curas magnéticas, se dedicó al estudio de la Biblia, publicó un trabajo acerca de la inexistencia de la materia y falleció el 2 de Julio de 1902.

En el último año del siglo empezaron a dibujarse dos figuras interesantes: una, la del joven D. Rafael Urbano, fallecido en 1925, al cual se deben varias ingeniosas conferencias e interesantes artículos publicados en Sofía, y otra, la de D. Mario Roso de Luna, vir peritus et bonus, que, ya en el siglo XX, editó la revista Hesperia y la Biblioteca de las Maravillas, de la que se publicaron varios tomos.

La literatura teosófica no ha sido prolífica en España durante la pasada centuria. Sus publicaciones se redujeron a versiones de obras extranjeras.

Por Andalucía no se asoman las ideas teosóficas hasta el siglo XX, pues sólo el 7 de Junio de 1911 se estableció en Sevilla la rama  Fraternidad, que dirigió el anticuario D. José Fernández Pintado y, el 21 de Julio de 1918, la rama Zanoni, que presidía entonces el Dr. D. Manuel Brioude y posteriormente dirigió D. Enrique Mensaque. Morón tuvo su centro, llamado Blavatski, constituido por el Dr. Manuel Olmedo el 7 de Diciembre de 1923.

En fin, en 1919, se instauró en la calle de las Sierpes un Centro de estudios teosóficos con carácter propagandista, desde cuya tribuna se dio un curso de diez conferencias.

La Revista Teosófica sevillana reanudó en Enero de 1922 su suspendida publicación.

Unamuno, Azorín, Jacinto Benavente, Valle Inclán, Felipe Trigo, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Concha Espina, los hermanos Quintero, Blasco Ibáñez, Ramón y Cajal, los pintores Zuloaga, Romero de Torres, José Villegas y Sorolla, el escultor Benlliure, los poetas Antonio y Manuel Machado, Ruben Darío,etc., tuvieron de alguna forma, contacto con la Teosofía, Ruben Darío fue miembro de la Sociedad.

Muchos de los autores de la Generación del 98 tuvieron relación directa con la Teosofía o con la ideas de la misma. Valle Inclán dedica varias de sus obras al Ocultismo teosófico y en La Lámpara Maravillosa divulga todo su programa de estética metafísica; Rubén Darío pinta sus poemas con el espíritu de la teosofía, y Blasco Ibáñez estuvo ligado a cargos directivos de la Sociedad.

Entre ellos hallamos un Nóbel de Literatura, como el dramaturgo Benavente, pero también de Medicina como Ramón y Cajal. Ideólogos como Unamuno y Felipe Trigo y también polígrafos y eruditos como Roso de Luna. Poetas y místicos como Valle-Inclán y Concha Espina.

También Valle-Inclán, en su ‘La Lámpara Maravillosa’ emite todo un tratado de estética metafísica, donde más claro aparece la vinculación con el Ocultismo y la Teosofía.

Málaga no conoció oficialmente la teosofía hasta el 8 de Mayo de 1925, en que se instituyó el grupo Maitreya, por D. José Palma.

Almería hasta el 28 de Marzo de 1926, en que se estableció el grupo Morya, por D. Miguel Gabín, …

Pero los artífices de la ST fueron:

Xifré, Montoliú y Roviralta, que formaron en realidad un triángulo en el que se basó la S.T. para implantarse en España.

A estos tres primeros pioneros, y a veces junto con ellos, se unieron los Sres. Doreste, Treviño, Climent Terrer, Garrido, Maynadé, Melian, Diaz Pérez, Roso de Luna, Lorenzana, Alfonso, Olivares, Talavera, etc. por no citar más que a algunos pocos de los que ya han dejado el plano físico, quienes en momentos distintos, con su esfuerzo, terminaron por afincar la S. T. en España, donde después de diversas alternativas y avatares, se terminó por convertir en Sección Nacional en 1.921.

El año 1939, al término de la Guerra Civil española, la S.T. fue declarada ilegal y por tanto dejó de tener actividades públicas, pero aún a pesar de las dificultades y de los peligros, se siguió manteniendo encendida la llama, sobre todo en Madrid y Barcelona, por medio de reuniones privadas durante las cuales, incluso, continuó la adhesión de nuevos miembros y manteniendo siempre el contacto con la Sede internacional de Adyar, lo que se consideró muy importante.

Al término de la dictadura en 1975, el 28 de Octubre de 1976, se solicitó la legalización de la Sociedad Teosófica Española, labor que recayó en Fernando Pérez Martín y otros más, lo que se consiguió tres meses y tres días después de solicitada, desde cuyo momento se mantiene muy activa luchando contra el lastre del largo período de inactividad pública obligada.